Luego de la muerte de Gonzalo Aguiar, un empresario presuntamente relacionado con el narcotráfico, se continuaron e iniciaron varias investigaciones. Entre el espectro de engaños que fueron saliendo a la luz, emergió uno muy particular, su boda con quién le dio muerte, resultó ser falsa jurídicamente. El fallecido no podría haberse casado nuevamente porque seguía legalmente casado con una mujer de nacionalidad salvadoreña con la que vivía en Canadá, por lo que eligió que su ceremonia fuera oficiada por un joven vinculado a un estudio jurídico. Según su declaración ante Fiscalía, había sido convocado para pasar música en dicho evento. Sin embargo, declaró que a último momento, Aguiar le pidió que asumiera el rol para simular el acto legal, haciéndose pasar por Oficial de Registro Civil, el problema es que no fue de modo simbólico, sino que usurpó el lugar de funcionario público, haciéndole creer a todos, y además a la contrayente, que estaban celebrando un matrimonio legítimo. Por lo que se configura el delito de usurpación de función pública que puede ser penado con 3 a 12 meses de prisión.

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