El senado aprobó un proyecto de ley que establece un cupo de 30% en espectáculos
musicales financiados por el Estado para este grupo de personas.
El concepto disidencias refiere a un concepto político y social que agrupa no solo a quienes
nacieron mujeres y se sienten y muestran como tal, sino a todas las identidades de género y
sexualidades que se apartan de la norma heterosexual y binaria tradicional, incluyendo a
personas LGBTIQ quienes sus cuerpos, deseos o identidades cuestionan el orden de
género anteriormente establecido.
La iniciativa inicial proponía el 50% de participación mínima de artistas mujeres y
disidencias en espectáculos musicales que cuenten con financiamiento público, se rebajó a
30% en el proyecto parcialmente aprobado.
En caso de incumplimiento con el cupo, se impondría una multa del 6% de la recaudación bruta que haya generado el evento y la inhabilitación para recibir fondos públicos durante un
año.
El proyecto se basa en que más de la mitad de la población de Uruguay está integrada por
mujeres, por lo que “resulta imprescindible la inclusión de sus creaciones culturales en
general y musicales en particular, a través del acceso paritario a los escenarios y a todo tipo
de actividades musicales”.
Destacan también que la brecha de la participación de las mujeres y disidencias en
actividades remuneradas incluyendo las actividades artísticas en general y las musicales en
particular “sigue siendo importante”. Arrojando cifras concretas y señalando que la
participación de este grupo de personas en festivales de esta clase en todo el territorio
nacional es inferior al 8%.
Una de las críticas más destacadas es que los uruguayos somos todos iguales ante la ley,
lo cual es cierto en la teoría, habría que comprobarse si en la realidad se comporta
exactamente así, pero más allá de dicho concepto, y por fuera del material aportado en el
que se basó este proyecto, no parece el camino obligar a la participación de nadie. Es un
asunto que se ha tratado y discutido ya en el poder legislativo, en los concursos del Estado,
respecto a este u otros grupos de población y siempre el debate se centra en que las
personas individualmente deben acceder a sus puestos por méritos y oposiciones y no por
cupo obligado ya que tienen igualdad de oportunidades. La realidad es que dependiendo el
ámbito y el grupo supuestamente segregado del que se trate, puede tener mayor o menor
lógica, pero justo en el asunto de la música no parece existir discriminación alguna, los
artistas llegan a la audiencia por su talento y/o marketing o modas y gusto del público,
imponer un cupo de mujeres y disidencias sin tener en cuenta su talento no parece para
nada lógico, sino más bien una absoluta imposición, con una consecuencia bastante grave
en caso de incumplimiento. En los hechos una banda deberá salir a buscar alguien que más
o menos le convenza de esta grupo de personas en caso de que nadie llegue por mérito
propio, lo cual desnaturaliza la libertad y lo que es un grupo artístico que no debería ser
pasible de imposiciones de este tipo.

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