Desde el gobierno, a través del Ministerio de Ambiente, se entendió como prioridad nacional procurar combatir la plaga de este insecto que hace unos años viene exterminando las palmeras de nuestro país y es de muy difícil erradicación.
Este insecto ingresó al parecer en las palmeras importadas, matándolas poco a poco, generando enormes pérdidas económicas ya que no solo comprarlas fue costoso, sino que quitarlas de la tierra es un procedimiento con alto precio también. Dado que se ornamentó tanto ramblas como parques y otros espacios públicos con estos árboles, son las intendencias o el Estado, los que soportan dichas pérdidas.
El problema se agravó cuando en el último tiempo el insecto pasó a atacar las palmeras autóctonas como butiá y pindó, que forman parte de nuestra flora. Como tales deben preservarse con más interés que las que no revisten tal calidad, siendo cualquier omisión que genere daños, responsabilidad del Estado.
Asimismo algunas de estas palmeras pueden encontrarse dentro de Áreas Protegidas, por lo que no preservarlas sería aún más dañino y por tanto más visible la responsabilidad del Estado.
Además de que las palmeras son seres vivos que incluso nos brindan oxígeno, en o de ellas viven tantos otros insectos y animales que dependen de estos árboles y son necesarios para nuestro ecosistema. Si ya no pueden habitar en ellas o alimentarse de ellas comienza a alterarse dicho ecosistema generando grndes perjuicios.
Por lo antedicho, se le ha propuesto incluso al Sistema Nacional de Emergencia (Sinae) trabajar en el asunto, debiendo buscar la mejor solución posible a la brevedad, habiendo creado una comisión para el abordaje de tal finalidad.
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