El incidente ocurrido el 26 de octubre de 2024, donde un ómnibus terminó en la playa Pocitos, el cual fue de público conocimiento, ha tenido, según los abogados de las víctimas, avances demasiado lentos, inclusive en diciembre comunicaban a la prensa que estaba casi a fojas cero, que habían solicitado una cantidad de investigaciones, las cuales se encontraban pendientes.
La realidad es que las pericias del tipo que sea suelen demorar meses, algunas incluso años, son muchos los expedientes que se encuentran para tal fin, y pocos las peritos disponibles, lo cual genera un gran atraso en las causas.
A pesar de esta situación, en la vía penal se había firmado un acuerdo reparatorio por parte del esposo de la víctima que falleció, que según se inormó, fue por un monto por encima de la media. Otros se encontraban en vías de acordarse, todo sin que se hubiera arrojado una causa determinante del accidente.
Finalmente en enero se dio a conocer la pericia psiquiátrica, que reveló que el chofer dio tres versiones distintas sobre lo ocurrido, al principio se mencionó la falla en los frenos del vehículo, luego expresó que no recordaba el trayecto entre Ciudad Vieja y el lugar del accidente, y por último dijo no tener memoria de los últimos minutos antes del incidente. Todo lo cual llamó la atención tanto del fiscal como de los peritos, quienes expresaron que si bien es posible que no recordara nada de las tres horas previas al accidente, les sorprendió que cambiara tres veces su versión.
Por lo que a los abogados de las víctimas como a estas, les resultó un poco extraño que no se le haya dado más importancia a dicho cambio de versiones, y el peritaje haya concluido solamente que el chofer se encontraba en un estado de «fatiga y somnolencia» al momento del accidente. Pudiendo realizar tareas básicas como cobrar boletos y detenerse para la subida y bajada de pasajeros, pero se expresa que al final del trayecto no logró salir del estado de somnolencia para alcanzar una vigilia plena, lo que provocó el accidente.
Esta versión coincide con el relato de los testigos que afirmaron que el hofer se dormía sobre el volante, confirmando esto las tomas que fueron analizadas en el peritaje, donde se lo ve refregándose el rostro y los ojos y se duerme un instante, luego se ve como cae sobre el volante en Canelones y Av. Brasil.
Sin embargo otra víctima discrepa con el informe pericial, expresando que lo vio muy despierto y que manejaba con imprudencia, saliendo mal en las paradas y pasando algún semáforo.
Cabe destacar que las perspecivas de cada persona son individuales, así como el estado de somnolencia no significa estar durmiéndose literalmente, se había dicho también que el trabajador se encontraba efectuando muchas horas extras, por lo que cobra sentido la hipótesis de la fatiga.
Al no haber informado el peritaje que todo haya sucedido con intencón de suicidio u homicidio elimina la posibilidad de que se trate de un delito doloso, cambiando las consecuencias así como la posibilidad o no de acuerdo.
Según la pericia, el chofer padece desde los 14 años el síndrome de Klinefelter, el cual altera la movilidad y su capacidad de discernimiento, afectando sus miembros superiores, y por ende el abogado de una de las víctimas concluye que «la manipulación sobre sus manos hace que tenga movimientos no aptos para conducir un vehículo». Por lo que entiende que existió una falta absoluta de control de la empresa, que debería realizar exámenes psicotécnicos, físicos. De modo que, a su entender la empresa tendría un gran responsabilidad civil, no solo por el hecho de su empleado, sino por el propio, por permitir que el chofer manejara el vehículo con pasajeros pudiendo causar el daño que terminó causando o más aún.

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